Solidaridad para humanizar
Solidaridad para humanizar nuestra sociedad global
La solidaridad es una actitud imprescindible para humanizar nuestra sociedad global. No es simplemente un sentimiento de ayuda puntual ni una actitud filantrópica superficial, sino una dimensión esencial de la vida humana en sociedad. Surge como respuesta a situaciones profundamente deshumanizadoras. La solidaridad aparece cuando el ser humano decide salir de esa «situación» cerrada y abrirse a la verdad y a los demás. No es, por tanto, un añadido opcional sino una condición para vivir humanamente. Implica confianza, sinceridad y la decisión de actuar a favor de otros, superando el repliegue egoísta. La solidaridad es asumir que lo que le ocurre al otro me importa tanto o más que lo propio.
Olvidarse de los propios intereses y volcarse en los demás
Leonardo Polo

Solidaridad para un mundo global más humano
La solidaridad no es actitud que se limite a las relaciones personales, sino que constituye el fundamento de toda sociedad auténtica. La base de la sociabilidad es la confianza; sin ella, las relaciones se rompen o se vuelven ficticias, y la sociedad pierde su capacidad de organización y de futuro. La solidaridad hace posible el trabajo en común, la coordinación de esfuerzos y, en definitiva, el desarrollo humano integral. Por eso, no se trata de ser solidarios para «ser buenos», sino porque sin solidaridad no se puede vivir ni progresar como sociedad. Y un mundo globalizado necesita una solidaridad global que lo humanice.
Allí donde falta la solidaridad aparecen la desorganización, la ineficacia y la pobreza, entendidos no solo en términos económicos, sino como empobrecimiento de las relaciones humanas y por tanto de la sociedad.





Solidaridad siempre y para todos
En el contexto de una sociedad globalizada, la solidaridad adquiere una urgencia aún mayor. El mundo actual está profundamente interconectado, de modo que ningún país o comunidad puede desarrollarse de forma aislada. Polo advierte que no es posible ser solidarios solo «hacia adentro» y cerrar las puertas hacia fuera, porque es incoherencia acaba perjudicando a todos. La globalización exige una solidaridad universal, basada en la cooperación, el intercambio de conocimiento y la corresponsabilidad ante los grandes retos comunes, como el desarrollo, la desigualdad o la crisis ecológica. En definitiva, la solidaridad no es solo un valor moral deseable, sino una exigencia práctica para la supervivencia y el desarrollo de la humanidad: o aprendemos a vivir y a crecer juntos, o nos enfrentamos a un deterioro conjunto del mundo humano. Por eso, vivamos la solidaridad para humanizar nuestro mundo.
