Proyecto Tayta

Creación, puesta en marcha, y ayuda a la sostenibilidad de talleres de confección de prendas

Un poco de historia

En 2007 visitamos el Asentamiento Humano Santa Rosa, en el Callao ( Lima – Perú ); allí conocimos la Parroquia María Madre del Redentor, y a un grupo de mujeres, con ciertos conocimientos de la confección y el tejido, pero con pocas posibilidades de crecer y vender lo que producían.

Al año siguiente, en 2008, sin ningún tipo de ayuda externa, alquilamos unas cuantas máquinas y comenzamos a capacitar y trabajar con un pequeño grupo de mujeres. Les dimos conocimientos de mercado, calidad, producto… les ayudamos con el diseño, y comenzamos a buscar clientes en el mercado español.

En 2009, con algunos clientes fijos, instalamos el taller en un nuevo local, compramos algunas máquinas y pudimos ampliar el número de trabajadoras; nuestros esfuerzos de comercialización iban dirigidos, sobre todo, a conseguir que trabajaran todo el tiempo posible. Empezamos a confeccionar polos para una regata, camisetas para campamentos, algunas prendas para uniformes escolares.

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Acceso a Tayta, aquí

A partir de 2010, se nos quedó pequeño el lugar y nos trasladamos a una nueva sede, que alquilamos a los Marianistas; primero fue un aula, luego otra, y otra… En 2012 comenzamos a recibir algunas subvenciones -del Ayuntamiento de Hondarribia, del Ayuntamiento de Málaga…- y pudimos implementar una línea de tejido para dar trabajo a nuevas mujeres muy necesitadas y con un nivel de vida de pobreza extrema.

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Tayta

A partir de 2012 se fueron sumando otras entidades: Fundación CajaMurcia, Ayuntamiento de Murcia (2015), que nos permitieron ampliar y completar la cadena de confección. Hoy, el proyecto cuenta con maquinaria de confección, cortadora, servicio de serigrafíado, máquinas para el ojalado y abotonado; elastiquera y bordadora.

Tayta hoy

El proyecto se ha ido consolidando: 15 personas trabajan de forma estable; confeccionan uniformes y prendas deportivas para más de 30 clientes en España y Francia.

Gracias al trabajo de comercialización y al compromiso de reinvertir el 100% de los beneficios en nuevos proyectos de desarrollo, el proyecto es hoy una realidad sostenible. Ha hecho posible que las mujeres -que vivían en niveles de pobreza extrema- cuenten con unos ingresos con los que mejorar su vida y la de sus familias, mejorando la alimentación, invirtiendo en educación, teniendo mejor acceso a la salud, etc.

Para la mayoría, además, ha sido una oportunidad laboral que difícilmente habrían podido conseguir, con la que han crecido en autoestima, autonomía, y han influido de forma más activa en sus comunidades.